“La sirenita” de Hans Christian Andersen

Un pequeño resumen del verdadero cuento de hadas “La Sirenita” de Hans Christian Andersen, publicado por primera vez en 1836.

En el fondo del más azul de los océanos había un maravilloso palacio en el cual habitaba el Rey del Mar, un viejo y sabio tritón que tenía una abundante barba blanca. Vivía en esta espléndida mansión de coral multicolor y de conchas preciosas, junto a sus hijas, cinco bellísimas sirenas.

La Sirenita, la más joven, además de ser la más bella poseía una voz maravillosa; cuando cantaba acompañándose con el arpa, los peces acudían de todas partes para escucharla, las conchas se abrían, mostrando sus perlas, y las medusas al oírla dejaban de flotar.

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La pequeña sirena casi siempre estaba cantando, y cada vez que lo hacía levantaba la vista buscando la débil luz del sol, que a duras penas se filtraba a través de las aguas profundas.

-¡Oh! ¡Cuánto me gustaría salir a la superficie para ver por fin el cielo que todos dicen que es tan bonito, y escuchar la voz de los hombres y oler el perfume de las flores!

-Todavía eres demasiado joven -respondió la abuela-. Dentro de unos años, cuando tengas quince, el rey te dará permiso para subir a la superficie, como a tus hermanas.

La Sirenita soñaba con el mundo de los hombres, el cual conocía a través de los relatos de sus hermanas, a quienes interrogaba durante horas para satisfacer su inagotable curiosidad cada vez que volvían de la superficie. En este tiempo, mientras esperaba salir a la superficie para conocer el universo ignorado, se ocupaba de su maravilloso jardín adornado con flores marítimas. Los caballitos de mar le hacían compañía y los delfines se le acercaban para jugar con ella; únicamente las estrellas de mar, quisquillosas, no respondían a su llamada.

Por fin llegó el cumpleaños tan esperado y, durante toda la noche precedente, no consiguió dormir. A la mañana siguiente el padre la llamó y, al acariciarle sus largos y rubios cabellos, vio esculpida en su hombro una hermosísima flor.

-¡Bien, ya puedes salir a respirar el aire y ver el cielo! ¡Pero recuerda que el mundo de arriba no es el nuestro, sólo podemos admirarlo! Somos hijos del mar y no tenemos alma como los hombres. Sé prudente y no te acerques a ellos. ¡Sólo te traerían desgracias!

Apenas su padre terminó de hablar, La Sirenita le di un beso y se dirigió hacia la superficie, deslizándose ligera. Se sentía tan veloz que ni siquiera los peces conseguían alcanzarla. De repente emergió del agua. ¡Qué fascinante! Veía por primera vez el cielo azul y las primeras estrellas centelleantes al anochecer. El sol, que ya se había puesto en el horizonte, había dejado sobre las olas un reflejo dorado que se diluía lentamente. Las gaviotas revoloteaban por encima de La Sirenita y dejaban oír sus alegres graznidos de bienvenida.

-¡Qué hermoso es todo! -exclamó feliz, dando palmadas.

Pero su asombro y admiración aumentaron todavía: una nave se acercaba despacio al escollo donde estaba La Sirenita. Los marinos echaron el ancla, y la nave, así amarrada, se balanceó sobre la superficie del mar en calma. La Sirenita escuchaba sus voces y comentarios. “¡Cómo me gustaría hablar con ellos!”, pensó. Pero al decirlo, miró su larga cola cimbreante, que tenía en lugar de piernas, y se sintió acongojada: “¡Jamás seré como ellos!”

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A bordo parecía que todos estuviesen poseídos por una extraña animación y, al cabo de poco, la noche se llenó de vítores: “¡Viva nuestro capitán! ¡Vivan sus veinte años!” La pequeña sirena, atónita y extasiada, había descubierto mientras tanto al joven al que iba dirigido todo aquel alborozo. Alto, moreno, de porte real, sonreía feliz. La Sirenita no podía dejar de mirarlo y una extraña sensación de alegría y sufrimiento al mismo tiempo, que nunca había sentido con anterioridad, le oprimió el corazón.

La fiesta seguía a bordo, pero el mar se encrespaba cada vez más. La Sirenita se dio cuenta en seguida del peligro que corrían aquellos hombres: un viento helado y repentino agitó las olas, el cielo entintado de negro se desgarró con relámpagos amenazantes y una terrible borrasca sorprendió a la nave desprevenida.

-¡Cuidado! ¡El mar…! -en vano la Sirenita gritó y gritó.

Pero sus gritos, silenciados por el rumor del viento, no fueron oídos, y las olas, cada vez más altas, sacudieron con fuerza la nave. Después, bajo los gritos desesperados de los marineros, la arboladura y las velas se abatieron sobre cubierta, y con un siniestro fragor el barco se hundió. La Sirenita, que momentos antes había visto cómo el joven capitán caía al mar, se puso a nadar para socorrerlo. Lo buscó inútilmente durante mucho rato entre las olas gigantescas. Había casi renunciado, cuando de improviso, milagrosamente, lo vio sobre la cresta blanca de una ola cercana y, de golpe, lo tuvo en sus brazos.

El joven estaba inconsciente, mientras la Sirenita, nadando con todas sus fuerzas, lo sostenía para rescatarlo de una muerte segura. Lo sostuvo hasta que la tempestad amainó. Al alba, que despuntaba sobre un mar todavía lívido, la Sirenita se sintió feliz al acercarse a tierra y poder depositar el cuerpo del joven sobre la arena de la playa. Al no poder andar, permaneció mucho tiempo a su lado con la cola lamiendo el agua, frotando las manos del joven y dándole calor con su cuerpo.

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Hasta que un murmullo de voces que se aproximaban la obligaron a buscar refugio en el mar.

-¡Corran! ¡Corran! -gritaba una dama de forma atolondrada- ¡Hay un hombre en la playa! ¡Está vivo! ¡Pobrecito…! ¡Ha sido la tormenta…! ¡Llevémoslo al castillo! ¡No! ¡No! Es mejor pedir ayuda…

La primera cosa que vio el joven al recobrar el conocimiento, fue el hermoso semblante de la más joven de las tres damas.

-¡Gracias por haberme salvado! -le susurró a la bella desconocida.

La Sirenita, desde el agua, vio que el hombre al que había salvado se dirigía hacia el castillo, ignorante de que fuese ella, y no la otra, quien lo había salvado.

Pausadamente nadó hacia el mar abierto; sabía que, en aquella playa, detrás suyo, había dejado algo de lo que nunca hubiera querido separarse. ¡Oh! ¡Qué maravillosas habían sido las horas transcurridas durante la tormenta teniendo al joven entre sus brazos!

Cuando llegó a la mansión paterna, la Sirenita empezó su relato, pero de pronto sintió un nudo en la garganta y, echándose a llorar, se refugió en su habitación. Días y más días permaneció encerrada sin querer ver a nadie, rehusando incluso hasta los alimentos. Sabía que su amor por el joven capitán era un amor sin esperanza, porque ella, la Sirenita, nunca podría casarse con un hombre.

Sólo la Hechicera de los Abismos podía socorrerla. Pero, ¿a qué precio? A pesar de todo decidió consultarla.

-¡…por consiguiente, quieres deshacerte de tu cola de pez! Y supongo que querrás dos piernas. ¡De acuerdo! Pero deberás sufrir atrozmente y, cada vez que pongas los pies en el suelo sentirás un terrible dolor.

-¡No me importa -respondió la Sirenita con lágrimas en los ojos- a condición de que pueda volver con él!

¡No he terminado todavía! -dijo la vieja-. ¡Deberás darme tu hermosa voz y te quedarás muda para siempre! Pero recuerda: si el hombre que amas se casa con otra, tu cuerpo desaparecerá en el agua como la espuma de una ola.

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-¡Acepto! -dijo por último la Sirenita y, sin dudar un instante, le pidió el frasco que contenía la poción prodigiosa. Se dirigió a la playa y, en las proximidades de su mansión, emergió a la superficie; se arrastró a duras penas por la orilla y se bebió la pócima de la hechicera.

Inmediatamente, un fuerte dolor le hizo perder el conocimiento y cuando volvió en sí, vio a su lado, como entre brumas, aquel semblante tan querido sonriéndole. El príncipe allí la encontró y, recordando que también él fue un náufrago, cubrió tiernamente con su capa aquel cuerpo que el mar había traído.

-No temas -le dijo de repente-. Estás a salvo. ¿De dónde vienes?

Pero la Sirenita, a la que la bruja dejó muda, no pudo responderle.

-Te llevaré al castillo y te curaré.

Durante los días siguientes, para la Sirenita empezó una nueva vida: llevaba maravillosos vestidos y acompañaba al príncipe en sus paseos. Una noche fue invitada al baile que daba la corte, pero tal y como había predicho la bruja, cada paso, cada movimiento de las piernas le producía atroces dolores como premio de poder vivir junto a su amado. Aunque no pudiese responder con palabras a las atenciones del príncipe, éste le tenía afecto y la colmaba de gentilezas. Sin embargo, el joven tenía en su corazón a la desconocida dama que había visto cuando fue rescatado después del naufragio.

Desde entonces no la había visto más porque, después de ser salvado, la desconocida dama tuvo que partir de inmediato a su país. Cuando estaba con la Sirenita, el príncipe le profesaba a ésta un sincero afecto, pero no desaparecía la otra de su pensamiento. Y la pequeña sirena, que se daba cuenta de que no era ella la predilecta del joven, sufría aún más. Por las noches, la Sirenita dejaba a escondidas el castillo para ir a llorar junto a la playa.

Pero el destino le reservaba otra sorpresa. Un día, desde lo alto del torreón del castillo, fue avistada una gran nave que se acercaba al puerto, y el príncipe decidió ir a recibirla acompañado de la Sirenita.

La desconocida que el príncipe llevaba en el corazón bajó del barco y, al verla, el joven corrió feliz a su encuentro. La Sirenita, petrificada, sintió un agudo dolor en el corazón. En aquel momento supo que perdería a su príncipe para siempre. La desconocida dama fue pedida en matrimonio por el príncipe enamorado, y la dama lo aceptó con agrado, puesto que ella también estaba enamorada. Al cabo de unos días de celebrarse la boda, los esposos fueron invitados a hacer un viaje por mar en la gran nave que estaba amarrada todavía en el puerto. La Sirenita también subió a bordo con ellos, y el viaje dio comienzo.

Al caer la noche, la Sirenita, angustiada por haber perdido para siempre a su amado, subió a cubierta. Recordando la profecía de la hechicera, estaba dispuesta a sacrificar su vida y a desaparecer en el mar. Procedente del mar, escuchó la llamada de sus hermanas:

-¡Sirenita! ¡Sirenita! ¡Somos nosotras, tus hermanas! ¡Mira! ¿Ves este puñal? Es un puñal mágico que hemos obtenido de la bruja a cambio de nuestros cabellos. ¡Tómalo y, antes de que amanezca, mata al príncipe! Si lo haces, podrás volver a ser una sirenita como antes y olvidarás todas tus penas.

Como en un sueño, la Sirenita, sujetando el puñal, se dirigió hacia el camarote de los esposos. Mas cuando vio el semblante del príncipe durmiendo, le dio un beso furtivo y subió de nuevo a cubierta. Cuando ya amanecía, arrojó el arma al mar, dirigió una última mirada al mundo que dejaba y se lanzó entre las olas, dispuesta a desaparecer y volverse espuma.

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Cuando el sol despuntaba en el horizonte, lanzó un rayo amarillento sobre el mar y, la Sirenita, desde las aguas heladas, se volvió para ver la luz por última vez. Pero de improviso, como por encanto, una fuerza misteriosa la arrancó del agua y la transportó hacia lo más alto del cielo. Las nubes se teñían de rosa y el mar rugía con la primera brisa de la mañana, cuando la pequeña sirena oyó cuchichear en medio de un sonido de campanillas:

-¡Sirenita! ¡Sirenita! ¡Ven con nosotras!

-¿Quiénes son? -murmuró la muchacha, dándose cuenta de que había recobrado la voz-. ¿Dónde están?

-Estás con nosotras en el cielo. Somos las hadas del viento. No tenemos alma como los hombres, pero es nuestro deber ayudar a quienes hayan demostrado buena voluntad hacia ellos.

La Sirenita, conmovida, miró hacia abajo, hacia el mar en el que navegaba el barco del príncipe, y notó que los ojos se le llenaban de lágrimas, mientras las hadas le susurraban:

-¡Fíjate! Las flores de la tierra esperan que nuestras lágrimas se transformen en rocío de la mañana. ¡Ven con nosotras! Volemos hacia los países cálidos, donde el aire mata a los hombres, para llevar ahí un viento fresco. Por donde pasemos llevaremos socorros y consuelos, y cuando hayamos hecho el bien durante trescientos años, recibiremos un alma inmortal y podremos participar de la eterna felicidad de los hombres -le decían.

-¡Tú has hecho con tu corazón los mismos esfuerzos que nosotras, has sufrido y salido victoriosa de tus pruebas y te has elevado hasta el mundo de los espíritus del aire, donde no depende más que de ti conquistar un alma inmortal por tus buenas acciones! -le dijeron.

Y la Sirenita, levantando los brazos al cielo, lloró por primera vez.

Oyéronse de nuevo en el buque los cantos de alegría: vio al Príncipe y a su linda esposa mirar con melancolía la espuma juguetona de las olas. La Sirenita, en estado invisible, abrazó a la esposa del Príncipe, envió una sonrisa al esposo, y en seguida subió con las demás hijas del viento envuelta en una nube color de rosa que se elevó hasta el cielo.

Los dioses griegos del Mar (parte III)

AQUELOO

En la mitología griega Aqueloo era el dios del río del mismo nombre, entre Etolia y Acarnania, y el más antiguo y poderoso de Grecia. Era un oceánide, el primogénito de Océano y Tetis, o según otras versiones, de Océano y Gea o de ésta y Helios. En algunas monedas de Acarnania se le representaba como un toro con cabeza de hombre. También está representado como un anciano con dos cuernos, pelo gris y barba hirsuta de la que constantemente mana agua.

El dios Aqueloo en un mosaico romano de

El dios Aqueloo en un mosaico romano de Zeugma

Disputó con Heracles la mano de Deyanira, hija del rey de Calidonia Eneas, de la que estaba enamorado. El mito narra que en la lucha Aqueloo se transformó en serpiente y después en toro, momento que aprovechó Heracles para derribarle y arrancarle uno de sus cuernos, que sólo recuperó a cambio del cuerno de Amaltea, llamado cuerno de la abundancia. Según Ovidio fue el mismo cuerno de Aqueloo el que las náyades recogieron y convirtieron en la cornucopia. Heracles obligó al vencido pretendiente a refugiarse en el río Toas, que desde entonces se llamó Aqueloo. Estrabón interpreta este mito atendiéndose a la naturaleza del mismo río, cuyas frecuentes inundaciones asolaban los campos de Calidón, confundiendo las fronteras y provocando por esto varias guerras entre los pueblos limítrofes. La forma de serpiente de Aqueloo alude a la sinuosidad de su curso, y la de toro, a la fuerza de sus inundaciones y al bramido de sus aguas. Heracles uniformó su cauce poniéndole diques y reuniendo en un sólo lecho los dos brazos de su curso. El cauce arreglado del Aqueloo fue la causa de la riqueza del país que regaba con sus aguas, de donde vendría lo del cuerno de la abundancia. 

Lucha entre Aqueloo y Heracles

Lucha entre Aqueloo y Heracles

El Dios Aqueloo tenía cuatro hijas, cuyo mayor placer era cantar. Con su cante atraían a espíritus, marineros, incluso a Dioses. Por ésto, la diosa Afrodita castigó a las cuatro mujeres pasando de ser mujeres bellas a animales procedentes del cruce de dos especies, cabeza y busto femeninos y cuerpo de pájaro, llamadas sirenas. Estas rivalizaban con las siete musas hijas de Zeus, y en una celebración, retaron a cantar a las musas, pidiendo que los dioses del lugar eligieran quienes cantaban mejor. Fue un espectáculo maravilloso, pero los dioses eligieron como ganadoras a las hijas de Zeus.

Sirenas cantando a marine

Sirenas cantando a unos marineros

 Las sirenas como venganza atrajeron con sus cantes a algunos marineros para luego matarlos. Un día, la goleta Argos se acercó por las aguas de éstos híbridos en la cual iba Orfeo, músico y poeta. Al presentir el peligro de los cantos de estas cuatro hermanas, el musico sacó su lira, haciendo sonar una armoniosa melodía y captar la atención de sus marineros en lugar de las sirenas. Orfeo con su lira era capaz incluso de detener ríos y logró con un hechizo convertir en estatuas a tres de las cuatro hermanas. La cuarta, Arténope, se lanzó al mar para evitar el hechizo, pero murió. El mar devolvió su cuerpo a la orilla y fue enterrado. En ese mismo lugar se narra que nació la ciudad de Nápoles.

La teoría más plausible sobre el antiguo nombre del río Aqueloo remite al prefijo ´aq´ que significa agua (p.e. Aqueronte, Ínaco, Aracto) y el adjetivo comparativo ´loon´ que significa mayor, más grande. Los dos juntos indican: río de muchas aguas.

PROTEO

Proteo o Proteus es un antiguo dios del mar, una de las varias deidades llamadas por Homero en la Odisea ‘anciano hombre del mar’ cuyo nombre sugiere el «primero», el «primordial» o «primogénito». En la teogonía olímpica es hijo de Poseidón o de Nereo Doris, o de Océano y una náyade, y fue hecho pastor de las manadas de focas de Poseidón, el gran macho en el centro del harén. Para recompensarle el esmero con que los cuidaba, le había dado el conocimiento del pasado y del futuro y tenia la facultad de cambiar de forma para evitar tener que hacerlo, contestando sólo a quien era capaz de capturarlo. De aquí proceden el sustantivo «proteo» y el adjetivo «proteico», que aluden a quien cambia frecuentemente de opiniones y afectos. 

El dios Proteo

El dios Proteo

Según Homero, la arenosa isla de Faro, situada frente al delta del Nilo era el hogar de Proteo, el profético anciano hombre del mar y pastor de las bestias del mar. Dos de sus hijos eran monstruos y crueles, y no pudiendo Proteo llevarlos por el camino de la virtud, ni inspirarles sentimientos de humanidad, se retiró a Egipto con ayuda de Poseidón, quien le abrió un camino en el mar. En la Odisea se cuenta que Menelao, a la vuelta de la Guerra de Troya, supo de la hija de Proteo, Eidotea, que para poder saber cuál de los dioses había ofendido y cómo podía apaciguarlo y volver a casa, hubiese tenido que capturar a su padre y obligarle a revelar lo que quisiera saber. Proteo salió del mar para dormir entre su colonia de osos, pero Menelao logró atraparlo, a pesar de que se transformó en león, serpiente, leopardo, cerdo, e incluso agua y árbol. Proteo respondió entonces verazmente a sus preguntas, informando además a Menelao de que su hermano Agamenón había sido asesinado en su viaje de regreso, que Áyax el Menor había naufragado y muerto, y que Odiseo estaba varado en la isla de Calipso, Ogigia.

De acuerdo con la cuarta Geórgica de Virgilio, en cierto momento todas las abejas de Aristeo, hijo de Apolo, enfermaron y murieron. Aristeo acudió a su madre, Cirene, en busca de ayuda. Ella le dijo que Proteo podía decirle cómo evitar otro desastre igual, pero que sólo lo haría si se le obligaba. Aristeo tenía que agarrarle y sujetarle, sin importar en qué se transformase. Así lo hizo, y Proteo terminó rindiéndose y le dijo que sacrificase doce animales a los dioses, dejase los cuerpos en el lugar del sacrificio y volviese tres días después. Aristeo hizo lo que el dios le mandó y cuando volvió encontró en uno de los cadáveres putrefactos un enjambre de abejas, que llevó a su apiario. Las abejas nunca volvieron a enfermar.

Entre los hijos de Proteo se cuentan Eidotea, la ninfa Cabiro, y Polígono y Telégono.

GLAUCO

Glauco es una divinidad y monstruo del mar, hijo de Poseidón y de la náyade Nais, o de Nereo y de la oceánide Doris. La figura de Glauco aparece en las Argonáuticas, de Apolonio de Rodas, y en el Libro XIII de Las metamorfosis, del poeta latino Ovidio

el dios Glauco

el dios Glauco

Los autores narran que antes de ser dios Glauco era un dedicado pescador, que amaba de tal forma a los peces que se estremecía de tristeza al pescarlos. Un día, mientras pescaba, advirtió que los peces que iba colocando a su lado sobre el pasto comenzaban a volver mágicamente al mar. No entendiendo el misterio, decidió averiguar la extraña conducta de los animales. Y finalmente comprendió: un dios misterioso los llamaba desde las aguas; un llamado irresistible que debía provenir de la ingestión de las matas que crecían a la vera del mar. Glauco resolvió entonces comer un poco de ese pasto, para ver si también el alcanzaba a oír el mágico llamado. Y así ocurrió. En cuanto tragó algunos puñados de esas plantas, fue poseído por una furiosa atracción hacia las aguas. Los seres del mar lo acogieron cariñosamente. Océano y Tetis comprendieron que Glauco quería vivir también en su reino, lo adormecieron y, durante el sueño, lo transformaron en un dios marino.

Al despertar, el antiguo pescador se sorprendió: “Fue entonces cuando me vi por primera vez con esa barba verde, esta cabellera con la cual barro la superficie de las olas, estos anchos hombros, estos brazos azulados, estas piernas curvadas que terminan en natatorias, como los peces”. (Glauco significa, en griego, color turquesa brillante).

La nueva forma, sin embargo no le desagradó. Ya que le permitía vivir feliz entre las criatura marinas que tanto amaba y ya no necesitaba matarlas para mantenerse.

GLAUCO Y ESCILA

La mitología narra que el dios estaba enamorado de la hermosa ninfa Escila que, por su cuerpo monstruoso, parte de hombre y parte de pez, rechazaba su amor, escondiéndose de el. Pero el amor del pobre dios era definitivo y desesperado,se lanzó a perseguir a la ninfa, implorando con gritos y llantos convulsivos, que le concediera un poco de atención. Impasible ante las súplicas, Escila continuó su fuga. Después de inútiles búsquedas, el dios se vio obligado a reconocer su derrota. Solamente algún poder superior le permitiría conquistar el afecto de la hermosa ninfa, un poder como el de Circe, la hechicera. Abatido y torturado, Glauco se dirijo hacia la isla de Ea, donde vivía la maga y, entre suspiros y lágrimas, le rogó que lo ayudara a conquistar a la amada ninfa.

Glauco y Escila

Glauco y Escila

 Pero los efectos de su petición fueron muy distintos a los que Glauco esperaba, porque Circe también se enamoró del nuevo dios y se le declaró intentando convencerle de que despreciase a la que le había despreciado. Al negarse, Circe sintió tal envidia por Escila que mezcló unas hierbas en el agua donde se bañaba y la convirtió en un horrible monstruo de cintura para abajo. Desesperada Escila, corrió al encuentro de Glauco y en sus brazos lloró largamente. El también lamenta la belleza perdida, pero rechazó el permanecer junto a la antigua ninfa. Serían infelices ambos. Escila se retiró en el estrecho de Sicilia, aterrorizando a los mortales que antes la cortejaban por su extraordinaria belleza. En la isla de Ea, Circe esperó inútilmente el retorno de Glauco, indignado por su traición y su crueldad que siguió llenando su existencia con el recuerdo de la bella y dulce ninfa, víctima de los celos de la maga.

Los dioses griegos del Mar (parte II)

PONTO

El dios Ponto, escultura romana, siglo II d.C.

El dios Ponto, escultura romana, siglo II d.C.

Ponto es un antiguo dios del mar, con el se identifica el mar en general. Era hijo de Gea, la Tierra, y hermano de Urano. Hesiodo en su obra, Teogonía, nos cuenta como Gea lo engendró por si misma, mientras que Higino afirma que el dios nació desde la unión de Gea con Eter, el aire. Se piensa  que fuera simplemente una personificación del mar y en su honor fue llamado “Ponto Eusino”, por antonomasia, el mar que actualmente se conoce como Mar Negro. De la unión del dios con su madre, Gea, nacieron los ancianos del mar, Nereo y Taumante, los aspectos peligrosos del mar, Forcis y su esposa-hermana Ceto, y la diosa Euribia. De la unión con Talasa (diosa del mar, hija de Eter y Hemera y personificación del mar Mediterráneo) nacieron los nueve Telquines, la ninfa Halia y los peces del mar. Escasas son las fuentes literarias que nos hablan de esa deidad marina, de hecho compare su nombre solamente en obras como teogonías o cosmologías, y carecemos de mitos y leyendas a el directamente conectadas.

OCÉANO 

Océano y la esposa Tetis, mosaico romano, siglo II d.C.

Océano y la esposa Tetis, mosaico romano, siglo II d.C.

Océano en la mitología griega era uno de los Titanes, hijos de Urano y Gea, el mas viejo de ellos.

El dios Océano, mosaico romano, siglo II d.C

El dios Océano, mosaico romano, siglo II d.C

Era el dios de todas las aguas del mar y de los ríos y representa las fuerzas primigenias que contribuyeron a la creación del universo. De la unión con la hermana y esposa Tetis tuvieron origen los tres mil ríos de la tierra (entre ellos el Nilo, el Po y el Danubio) y una multitud de diosas, las Oceánides. Según el mito el dios tenía una increíble fuerza generadora: todos los ríos y el mismo mar nacían en el, que seguía su recorrido a las extremos margenes de la tierra. Desde sus olas surgía el sol y mas allá de ellas reinaba la noche perpetua y el mundo del mas allá. El dios solía ser representado como un viejo con una larga barba y con cuernos taurinos.

OCEANIDES

Las Oceanides, Gustave Doré

Las Oceanides, Gustave Doré

Las Oceánides eran las ninfas del mar, de los ríos y de los lagos. Eran mas de tres mil, como sus hermanos y tenían poderes sobre las corrientes y las olas. Hesiodo en su Teogonía nombra de una en una las 41 mas antiguas y potentes:

“Tuvo también una sagrada estirpe de hijas que por la tierra se encargan de la crianza de los hombres, en compañía del soberano Apolo y de los Rios y han recibido de Zeus este destino: Peito, Admete, Yanta, Electra, Doris, Primno, la divina Urania, Hipo, Clímene, Rodea, Calírroe, Zeuxo, Clitia, Idía, Pisítoa,Plexaura, la encantadora Galaxaura, Dione, Melóbosis, Toa, la bella Polidora, Cerceis de graciosa figura, Plutoojos de buey, Perseis, Yanira, Acasta, Pléyone, Jante, la deliciosa Petrea, Menesto, Europa, Metis, Eurínome,Telesto de azafranado peplo, Criseida, Asia, la deseable Calipso, Eudora, Tique, Ánfiro, Ocírroe y Estigia, la que es más importante de todas.

NEREO

Nereo y Herakles, Lekythos griega, 590-580 a.C.

Nereo y Herakles, Lekythos griega, 590-580 a.C.

Nereo era un antiquísimo dios del mar,  hijo de los dioses Ponto y Gea. Es reconocido en la teogonía de Hesiodo como emblema del mar tranquilo y prospero y llamado por Omero “guardián del mar” . Según la mitología tenía el don de la profecía, como muchas deidades del mar y era amante de la legalidad y de la verdad. Para huir de los que querían obligarlo a predecir el futuro, tenía la capacidad de transformarse en serpiente, agua, fuego y muchas otras cosas. Se solía representar como a un viejo vulnerable con el largo pelo canuto y la barba, acompañado por las muchas hijas. Su atributo es un cetro (o bastón) o un tridente, y a veces es representado con la mitad del cuerpo de pez. Es un dios muy presente en la mitología clásica, de echo será el que profetizará  a Paris todas sus las desgracias que traerá a su patria el rapto de Helena y gracias a el Herakles logrará encontrar el jardín de las Esperidas. Fue esposo de la oceánide Doris que le dió cincuenta hijas maravillosas, las nereidas.

 NEREIDAS

Nereida y monstruo marino, plato romano del siglo II d.C.

Nereida y monstruo marino, plato romano del siglo II d.C.

Las Nereidas eran ninfas marinas inmortales y benévolas, guapas jovencitas con la piel blanca y el largo pelo ornado con perlas marinas. Los marineros las veneraban con plegarias y sacrificios para asegurarse un viaje tranquilo y prospero. Junto con los tritones formaban parte del cortejo marino del dios Poseidon y solian ser representadas nadando alegremente rodeandas de delfines o caballos de mar. Varias fuentes nos hablan de ellas (Hesiodo, Omero, Higino, Pseudo-Apolodoro), citando cada uno de sus nombres, aunque las cifras no coincidan entre ellas. Entre las mas famosas están: Galatea, amada por Aci y Polifemo; Tetis, esposa de Peleo y madre de Aquiles; Anfitrites, esposa del dios Poseidon.

Nereidas y tritones, bajorrelieve de un sarcofago romano

Nereidas y tritones, bajorrelieve de un sarcofago romano

Los dioses griegos del Mar (parte I)

POSEIDÓN

Fuente de Neptuno, Piazza della Signoria, Florencia

Fuente de Neptuno, Piazza della Signoria, Florencia

Poseidón (en latín Neptuno), hijo de los dioses Kronos y Rhea, es el dios del mar por excelencia y a partir de el surgen todos los dioses y semidioses de la mitología griega. Los mitos nos cuentan que al nacer el pequeño Poseidón, junto con su hermano Zeus, fue salvado por la madre Rhea a través de un engaño da ser devorado por el padre Kronos, y por eso fue criado por los Telquines en Rodas. Cuando el mundo fue dividido en tres partes, Poseidón recibió el Mar, mientras Zeus el cielo y la tierra y Hades el inframundo.

Nuptuno, mosaico del siglo III d.C. Tunisia

Nuptuno, mosaico del siglo III d.C. Tunisia

Suele ser representado con delfines, ninfas y tritones y uno de sus atributos fijos es el ir acompañado por hipocampos o caballos que podían cabalgar sobre las olas del mar; suele ser representado con el tridente y la mitología nos cuenta que vivía en un palacio de corales y gemas en el fondo del mar, ademas de poseer una isla preciosa: Atlantida. Su esposa era Anfitrite, una ninfa y antigua diosa del mar, hija de Nereo y Doris. Los mitos nos cuentan como Poseidón se enamoro de ella viéndola danzar con sus hermanas en la isla de Naxos, la raptó y obligó a vivir con el en el fondo del mar. Con ella tuvo como hijos Rodas y Tritón y con otras diosas e incluso mortales tuvo muchísimos hijos y descendientes, entre ellos el cíclope Polifemo y el afamado Teseo. El dios del mar por excelencia podía desatar tempestades, desquiciar las rocas de las costas con un golpe de su tridente, y hacer brotar manantiales. Participó para un año en la construcción de la muralla de Troya y en el conflicto homérico intervino en la guerra a favor de los Aqueos, creando incluso un monstruo que salia del fondo del mar contra los troyanos. Disputó también para la posesión de la ciudad de Atenas contra la diosa Atenea, que fue nombrada por un tribunal como la principal diosa venerada en la ciudad, aunque para los habitantes de la ciudad Poseidón siempre tuvo una posición de relieve. Es un dios que fue venerado también en época pre-helenista, en la civilización de la Grecia Micénica, sobretodo en las ciudades de Tebas y Pilos. Cada héroe o individuo que emprendía un viaje por mar se encomendaba a el y, antes de zarpar, le ofrecían regalos y sacrificios.

TRITÓN

Fuente del Tritón, Bernini,  Roma

Fuente del Tritón. Piazza Barberini, Roma

Tritón era hijo del dios Poseidón y de su esposa Anfitrite y se conoce como el mensajero de las profundidades marines. La mayoría de las veces es representado con la parte superior del cuerpo de hombre sobre una (o incluso dos) grande cola de pez. Es la imagen al masculino de la sirena y sus atributos son el tridente (heredado del padre) y un largo y curvado cuerno, como si fuera una concha de mar. Cuando el dios tocaba este instrumento, ademas de anunciar la llegada del dios de mar, tenia la facultad de calmar o elevar las olas del mar e incluso de echar a volar los gigantes, como si hubiesen escuchado el grito de un terrible monstruo salvaje. El dios desempeñava un papel importante a lado del padre Poseidón: conduce su carro y ejecuta sus ordenes, luchó junto a el contra los gigantes y hizo retorcer las aguas del diluvio para placar la cólera da Zeus contra los humanos. El dios poseía el don de la profecía y fue puesto como testigo en los juramentos solemnes.

El dios Tritón

El dios Tritón

La imagen del dios llegó a ser asociada con una serie de criaturas de mar llamados tritones, que tenían las mismas características del dios, o sea cola de pez y cuerpo de humado. Estas criaturas hacían parte de su seguido, podían ser masculinas o femeninas y constituyan el cortejo de las divinidades marinas. Probablemente su origen se debe a los dioses-peces que eran venerados en la antigüedad por los fenicios. Dependiendo del mito y de las fuentes, el dios asume características benévolas o malignas. En algunas versiones se habla de los tritones como criaturas que solían molestar las mujeres que se bañaban en las aguas e incluso los jóvenes hombres. Hasta Hércules cuenta en una ocasión que tuvo que enfrentarse a un monstruo marino llamado Tritón. Según la obra de Apollonio de Rodas (siglo III a.C.) el dios desenvolvió un papel muy importante en la expedición de los Argonautas. Los héroes guiados por Jasón se encontraros atrapados en el lago Tritonis en Libia, desde el cual no lograban encontrar una salida hacia el mar. Según se narra después de haber recibido una oveja como sacrificio, el dios condujo el barco hacia la salida al mar abierto acompañado de los gritos de estupor de la tropa delante de la manifestación de tanta monstruosa potencia.

Presentación

Queríamos, antes que nada, dar a tod@s Ustedes la bienvenida en este blog!

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Os enseñaremos como se ve el mundo desde unas gafas de buceo, cuales son los hallazgos arqueológicos más importantes y fascinantes, os contaremos curiosidades, os narraremos cuentos y citaremos los poetas y los héroes mas ilustres de la antigüedad.

Debajo de este “Mare Nostrum” hay un mundo milenario en el que queremos adentrarnos.¡Rápido, salta en nuestro barco y navega con nosotros!