“La sirenita” de Hans Christian Andersen

Un pequeño resumen del verdadero cuento de hadas “La Sirenita” de Hans Christian Andersen, publicado por primera vez en 1836.

En el fondo del más azul de los océanos había un maravilloso palacio en el cual habitaba el Rey del Mar, un viejo y sabio tritón que tenía una abundante barba blanca. Vivía en esta espléndida mansión de coral multicolor y de conchas preciosas, junto a sus hijas, cinco bellísimas sirenas.

La Sirenita, la más joven, además de ser la más bella poseía una voz maravillosa; cuando cantaba acompañándose con el arpa, los peces acudían de todas partes para escucharla, las conchas se abrían, mostrando sus perlas, y las medusas al oírla dejaban de flotar.

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La pequeña sirena casi siempre estaba cantando, y cada vez que lo hacía levantaba la vista buscando la débil luz del sol, que a duras penas se filtraba a través de las aguas profundas.

-¡Oh! ¡Cuánto me gustaría salir a la superficie para ver por fin el cielo que todos dicen que es tan bonito, y escuchar la voz de los hombres y oler el perfume de las flores!

-Todavía eres demasiado joven -respondió la abuela-. Dentro de unos años, cuando tengas quince, el rey te dará permiso para subir a la superficie, como a tus hermanas.

La Sirenita soñaba con el mundo de los hombres, el cual conocía a través de los relatos de sus hermanas, a quienes interrogaba durante horas para satisfacer su inagotable curiosidad cada vez que volvían de la superficie. En este tiempo, mientras esperaba salir a la superficie para conocer el universo ignorado, se ocupaba de su maravilloso jardín adornado con flores marítimas. Los caballitos de mar le hacían compañía y los delfines se le acercaban para jugar con ella; únicamente las estrellas de mar, quisquillosas, no respondían a su llamada.

Por fin llegó el cumpleaños tan esperado y, durante toda la noche precedente, no consiguió dormir. A la mañana siguiente el padre la llamó y, al acariciarle sus largos y rubios cabellos, vio esculpida en su hombro una hermosísima flor.

-¡Bien, ya puedes salir a respirar el aire y ver el cielo! ¡Pero recuerda que el mundo de arriba no es el nuestro, sólo podemos admirarlo! Somos hijos del mar y no tenemos alma como los hombres. Sé prudente y no te acerques a ellos. ¡Sólo te traerían desgracias!

Apenas su padre terminó de hablar, La Sirenita le di un beso y se dirigió hacia la superficie, deslizándose ligera. Se sentía tan veloz que ni siquiera los peces conseguían alcanzarla. De repente emergió del agua. ¡Qué fascinante! Veía por primera vez el cielo azul y las primeras estrellas centelleantes al anochecer. El sol, que ya se había puesto en el horizonte, había dejado sobre las olas un reflejo dorado que se diluía lentamente. Las gaviotas revoloteaban por encima de La Sirenita y dejaban oír sus alegres graznidos de bienvenida.

-¡Qué hermoso es todo! -exclamó feliz, dando palmadas.

Pero su asombro y admiración aumentaron todavía: una nave se acercaba despacio al escollo donde estaba La Sirenita. Los marinos echaron el ancla, y la nave, así amarrada, se balanceó sobre la superficie del mar en calma. La Sirenita escuchaba sus voces y comentarios. “¡Cómo me gustaría hablar con ellos!”, pensó. Pero al decirlo, miró su larga cola cimbreante, que tenía en lugar de piernas, y se sintió acongojada: “¡Jamás seré como ellos!”

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A bordo parecía que todos estuviesen poseídos por una extraña animación y, al cabo de poco, la noche se llenó de vítores: “¡Viva nuestro capitán! ¡Vivan sus veinte años!” La pequeña sirena, atónita y extasiada, había descubierto mientras tanto al joven al que iba dirigido todo aquel alborozo. Alto, moreno, de porte real, sonreía feliz. La Sirenita no podía dejar de mirarlo y una extraña sensación de alegría y sufrimiento al mismo tiempo, que nunca había sentido con anterioridad, le oprimió el corazón.

La fiesta seguía a bordo, pero el mar se encrespaba cada vez más. La Sirenita se dio cuenta en seguida del peligro que corrían aquellos hombres: un viento helado y repentino agitó las olas, el cielo entintado de negro se desgarró con relámpagos amenazantes y una terrible borrasca sorprendió a la nave desprevenida.

-¡Cuidado! ¡El mar…! -en vano la Sirenita gritó y gritó.

Pero sus gritos, silenciados por el rumor del viento, no fueron oídos, y las olas, cada vez más altas, sacudieron con fuerza la nave. Después, bajo los gritos desesperados de los marineros, la arboladura y las velas se abatieron sobre cubierta, y con un siniestro fragor el barco se hundió. La Sirenita, que momentos antes había visto cómo el joven capitán caía al mar, se puso a nadar para socorrerlo. Lo buscó inútilmente durante mucho rato entre las olas gigantescas. Había casi renunciado, cuando de improviso, milagrosamente, lo vio sobre la cresta blanca de una ola cercana y, de golpe, lo tuvo en sus brazos.

El joven estaba inconsciente, mientras la Sirenita, nadando con todas sus fuerzas, lo sostenía para rescatarlo de una muerte segura. Lo sostuvo hasta que la tempestad amainó. Al alba, que despuntaba sobre un mar todavía lívido, la Sirenita se sintió feliz al acercarse a tierra y poder depositar el cuerpo del joven sobre la arena de la playa. Al no poder andar, permaneció mucho tiempo a su lado con la cola lamiendo el agua, frotando las manos del joven y dándole calor con su cuerpo.

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Hasta que un murmullo de voces que se aproximaban la obligaron a buscar refugio en el mar.

-¡Corran! ¡Corran! -gritaba una dama de forma atolondrada- ¡Hay un hombre en la playa! ¡Está vivo! ¡Pobrecito…! ¡Ha sido la tormenta…! ¡Llevémoslo al castillo! ¡No! ¡No! Es mejor pedir ayuda…

La primera cosa que vio el joven al recobrar el conocimiento, fue el hermoso semblante de la más joven de las tres damas.

-¡Gracias por haberme salvado! -le susurró a la bella desconocida.

La Sirenita, desde el agua, vio que el hombre al que había salvado se dirigía hacia el castillo, ignorante de que fuese ella, y no la otra, quien lo había salvado.

Pausadamente nadó hacia el mar abierto; sabía que, en aquella playa, detrás suyo, había dejado algo de lo que nunca hubiera querido separarse. ¡Oh! ¡Qué maravillosas habían sido las horas transcurridas durante la tormenta teniendo al joven entre sus brazos!

Cuando llegó a la mansión paterna, la Sirenita empezó su relato, pero de pronto sintió un nudo en la garganta y, echándose a llorar, se refugió en su habitación. Días y más días permaneció encerrada sin querer ver a nadie, rehusando incluso hasta los alimentos. Sabía que su amor por el joven capitán era un amor sin esperanza, porque ella, la Sirenita, nunca podría casarse con un hombre.

Sólo la Hechicera de los Abismos podía socorrerla. Pero, ¿a qué precio? A pesar de todo decidió consultarla.

-¡…por consiguiente, quieres deshacerte de tu cola de pez! Y supongo que querrás dos piernas. ¡De acuerdo! Pero deberás sufrir atrozmente y, cada vez que pongas los pies en el suelo sentirás un terrible dolor.

-¡No me importa -respondió la Sirenita con lágrimas en los ojos- a condición de que pueda volver con él!

¡No he terminado todavía! -dijo la vieja-. ¡Deberás darme tu hermosa voz y te quedarás muda para siempre! Pero recuerda: si el hombre que amas se casa con otra, tu cuerpo desaparecerá en el agua como la espuma de una ola.

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-¡Acepto! -dijo por último la Sirenita y, sin dudar un instante, le pidió el frasco que contenía la poción prodigiosa. Se dirigió a la playa y, en las proximidades de su mansión, emergió a la superficie; se arrastró a duras penas por la orilla y se bebió la pócima de la hechicera.

Inmediatamente, un fuerte dolor le hizo perder el conocimiento y cuando volvió en sí, vio a su lado, como entre brumas, aquel semblante tan querido sonriéndole. El príncipe allí la encontró y, recordando que también él fue un náufrago, cubrió tiernamente con su capa aquel cuerpo que el mar había traído.

-No temas -le dijo de repente-. Estás a salvo. ¿De dónde vienes?

Pero la Sirenita, a la que la bruja dejó muda, no pudo responderle.

-Te llevaré al castillo y te curaré.

Durante los días siguientes, para la Sirenita empezó una nueva vida: llevaba maravillosos vestidos y acompañaba al príncipe en sus paseos. Una noche fue invitada al baile que daba la corte, pero tal y como había predicho la bruja, cada paso, cada movimiento de las piernas le producía atroces dolores como premio de poder vivir junto a su amado. Aunque no pudiese responder con palabras a las atenciones del príncipe, éste le tenía afecto y la colmaba de gentilezas. Sin embargo, el joven tenía en su corazón a la desconocida dama que había visto cuando fue rescatado después del naufragio.

Desde entonces no la había visto más porque, después de ser salvado, la desconocida dama tuvo que partir de inmediato a su país. Cuando estaba con la Sirenita, el príncipe le profesaba a ésta un sincero afecto, pero no desaparecía la otra de su pensamiento. Y la pequeña sirena, que se daba cuenta de que no era ella la predilecta del joven, sufría aún más. Por las noches, la Sirenita dejaba a escondidas el castillo para ir a llorar junto a la playa.

Pero el destino le reservaba otra sorpresa. Un día, desde lo alto del torreón del castillo, fue avistada una gran nave que se acercaba al puerto, y el príncipe decidió ir a recibirla acompañado de la Sirenita.

La desconocida que el príncipe llevaba en el corazón bajó del barco y, al verla, el joven corrió feliz a su encuentro. La Sirenita, petrificada, sintió un agudo dolor en el corazón. En aquel momento supo que perdería a su príncipe para siempre. La desconocida dama fue pedida en matrimonio por el príncipe enamorado, y la dama lo aceptó con agrado, puesto que ella también estaba enamorada. Al cabo de unos días de celebrarse la boda, los esposos fueron invitados a hacer un viaje por mar en la gran nave que estaba amarrada todavía en el puerto. La Sirenita también subió a bordo con ellos, y el viaje dio comienzo.

Al caer la noche, la Sirenita, angustiada por haber perdido para siempre a su amado, subió a cubierta. Recordando la profecía de la hechicera, estaba dispuesta a sacrificar su vida y a desaparecer en el mar. Procedente del mar, escuchó la llamada de sus hermanas:

-¡Sirenita! ¡Sirenita! ¡Somos nosotras, tus hermanas! ¡Mira! ¿Ves este puñal? Es un puñal mágico que hemos obtenido de la bruja a cambio de nuestros cabellos. ¡Tómalo y, antes de que amanezca, mata al príncipe! Si lo haces, podrás volver a ser una sirenita como antes y olvidarás todas tus penas.

Como en un sueño, la Sirenita, sujetando el puñal, se dirigió hacia el camarote de los esposos. Mas cuando vio el semblante del príncipe durmiendo, le dio un beso furtivo y subió de nuevo a cubierta. Cuando ya amanecía, arrojó el arma al mar, dirigió una última mirada al mundo que dejaba y se lanzó entre las olas, dispuesta a desaparecer y volverse espuma.

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Cuando el sol despuntaba en el horizonte, lanzó un rayo amarillento sobre el mar y, la Sirenita, desde las aguas heladas, se volvió para ver la luz por última vez. Pero de improviso, como por encanto, una fuerza misteriosa la arrancó del agua y la transportó hacia lo más alto del cielo. Las nubes se teñían de rosa y el mar rugía con la primera brisa de la mañana, cuando la pequeña sirena oyó cuchichear en medio de un sonido de campanillas:

-¡Sirenita! ¡Sirenita! ¡Ven con nosotras!

-¿Quiénes son? -murmuró la muchacha, dándose cuenta de que había recobrado la voz-. ¿Dónde están?

-Estás con nosotras en el cielo. Somos las hadas del viento. No tenemos alma como los hombres, pero es nuestro deber ayudar a quienes hayan demostrado buena voluntad hacia ellos.

La Sirenita, conmovida, miró hacia abajo, hacia el mar en el que navegaba el barco del príncipe, y notó que los ojos se le llenaban de lágrimas, mientras las hadas le susurraban:

-¡Fíjate! Las flores de la tierra esperan que nuestras lágrimas se transformen en rocío de la mañana. ¡Ven con nosotras! Volemos hacia los países cálidos, donde el aire mata a los hombres, para llevar ahí un viento fresco. Por donde pasemos llevaremos socorros y consuelos, y cuando hayamos hecho el bien durante trescientos años, recibiremos un alma inmortal y podremos participar de la eterna felicidad de los hombres -le decían.

-¡Tú has hecho con tu corazón los mismos esfuerzos que nosotras, has sufrido y salido victoriosa de tus pruebas y te has elevado hasta el mundo de los espíritus del aire, donde no depende más que de ti conquistar un alma inmortal por tus buenas acciones! -le dijeron.

Y la Sirenita, levantando los brazos al cielo, lloró por primera vez.

Oyéronse de nuevo en el buque los cantos de alegría: vio al Príncipe y a su linda esposa mirar con melancolía la espuma juguetona de las olas. La Sirenita, en estado invisible, abrazó a la esposa del Príncipe, envió una sonrisa al esposo, y en seguida subió con las demás hijas del viento envuelta en una nube color de rosa que se elevó hasta el cielo.

La magia del papel: filigranas marítimas

Blog Cátedra de Historia y Patrimonio Naval

El mar y sus habitantes, así como las naves que lo atraviesan, han quedado inmortalizados en miles de manifestaciones de la humanidad. Hay algunas que son profundamente desconocidas, pero no por ello son menos dignas de exhibirse y difundirse. Es el caso de las marcas de agua que solía llevar el papel.

Pez. Pilten 1563. Fuente: http://www.piccard-online.de/detailansicht.php?klassi=037.002.005&ordnr=44424&sprache=en Pez. Pilten 1563. Fuente

En un recorrido por las señales que habitualmente dejaban los fabricantes de este material documental, hemos encontrado la milenaria conexión hombre-mar, que con la aparición y uso del papel se ha convertido en un tándem que caracteriza profundamente nuestra civilización: el mar para navegar y soñar y el papel para dejar por escrito nuestros pensamientos y actividades.

Barco. Culemborg 1376. Fuente: http://www.piccard-online.de/detailansicht.php?klassi=020.&ordnr=156030&sprache=en Barco. Culemborg 1376. Fuente

Las marcas de agua con motivos marinos son muy variadas y existen ejemplos desde la Edad Media. Las más comunes representan peces, barcos, moluscos, anclas, compases y sirenas, entre otros, pero con el…

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Los barcos y la navegación en la antigüedad (parte II)

LOS GRIEGOS

La navegación y el mar en la cultura griega fueron los protagonistas y motores de desarrollo de su civilización.  Los griegos lograron establecer una verdadera thalassocracia basada en un sistema muy potente de colonización, ademas de convertir a los barcos en sus principales armas de guerra. La navegación nunca llegó a ser una practica segura sino, a causa de los riesgos que se corrían en enfrentarse a ella, siempre ha tenido una elevada carga de religiosidad y superstición. La navegación griega se caracteriza principalmente por los grandes avances tecnológicos y científicos. Uno de los materiales de construcción que mas contribuyeron a su desarrollo fue el hierro, gracias al cual se empezaron a emplear clavos y hachas. Todo esto permitió pasar al método constructivo de “las cuadernas primero” en la que se armaba en primer lugar el esqueleto del barco y se forraba luego con la tablazón. También los avances científicos facilitaron mucho el buen éxito de la navegación y de las expediciones. Ya a partir del siglo VI a.C. se empezaron a impartir las primeras directrices sobre la navegación y a fabricar los primeros mapas, que proporcionaban informaciones sobre las costas mediterráneas y vientos que se podían encontrar.

Antes de la llegada de la Trirreme las naves típicas eran muy sencillas y ligeras. Podían llegar a tener hasta 50 metros de eslora con una sola vela cuadrada. Tenían una borda muy baja y el casco era cubierto de una resina vegetal que impedía que entrara el agua y que les daba un típico color negro, por lo cual Omero las llama en sus obras “las negras naves”.

Embarcacion griega

Embarcacion griega

A partir del siglo V a.C., para obtener mas fuerza propulsora sin necesidad de construir barcos mas grandes, se empiezan a difundir las Trirremes, o sea barcos impulsados por tres ordenes de remeros. La quilla y las cuadernas estaban hechas de madera de fresno y el casco de abeto. Solo tenían un mástil con una vela cuadrada y poseían dos grandes remos colocados en la popa como un timón. Estaban dotadas también de un espolón colocado en la proa y una cubierta que cubría todo el barco de proa a popa. Tenían una tripulación de 200 hombres entre remeros, hoplitas y marineros.

bajorelieve con trirreme

Bajorelieve con trirreme

Trirreme griega

Trirreme griega

LOS CARTAGINESES

Otra potencia que luchó para la hegemonía sobre comercio y rutas en el Mediterráneo fue la cartaginesa. Disponía de una importante flota de guerra compuesta por rápidas embarcaciones con un solo orden de remos, movidos cada uno por dos remeros (monorremes), y por las famosas Penteras. Gracias a los últimos descubrimientos submarinos se sabe que las Penteras eran embarcaciones con dos ordenes de remos, los inferiores movidos por dos remeros y los superiores por tres. Ellos también introdujeron técnicas innovadoras en la construcción naval, como las piezas prefabricadas y numeradas, que facilitaban la labor de los carpinteros y permitían construir muchos mas barcos en menor tiempo. En el asedio de Carthago durante la ultima Guerra Púnica, los Cartagineses fueron capaces de construir mas de 200 penteras en menos de tres meses.

Pentera Cartaginés

Pentera Cartaginés

En sus viajes de descubrimiento y comercio, los cartagineses rebasaron las columnas de Hercules y establecieron rutas comerciales por la costa de Portugal hacia Inglaterra e Irlanda (ricas en estaño) y por las costas africanas hasta el Golfo de Guinea (ricas en marfil y maderas preciosas).

base naval de Carthago

Reconstruccion de la base naval de Carthago

LOS ROMANOS

Aunque el poderío romano inicialmente fue principalmente terrestre, pronto se dieron cuenta que habían de mejorar y potenciar su flota para poder contrarrestar con las potencias marítimas de otros pueblos, como el cartaginesa. Ya en el 260 a.C. habían construido una flota potente compuesta por 150 embarcaciones (trirremes y quinquerremes). Las dos flotas que principalmente controlaban el Mar mediterráneo y aseguraban la hegemonía romana sobre el fueron: la Classis Misenensis que controlaba la parte oriental del mediterráneo y la Classis Ravennatis  que ejercía su poder sobre la parte occidental del Mare Nostrum.

Entre los barcos de guerra los Romanos llegaron a desarrollar varios tipos de barcos:

El Birreme

Birreme romana

Birreme romana

Embarcación impulsada por dos órdenes de remos y con un mástil en el centro de su eslora.  Eran barcos rápidos y maniobrables, de escaso calado, su estrecha pasarela de combate (que albergaba la infantería) y su poderoso espolón en forma de cuerno fueron las características mas destacadas y fuertes de este tipo de barcos.

El Trirreme

Trirreme romana

Trirreme romana

Era una embarcación con tres ordenes de remos de alrededor de 50 m de eslora con una gran vela cuadrada. Podía alcanzar grandes velocidades que eran aprovechadas en el ataque a los barcos enemigos. Cuando el espolón se clavaba en el barco enemigo dejaban caer el cuervo que era una plataforma de asalto con un gancho que caía en el barco enemigo impidiendo separarse ambas naves. Así unidos los dos barcos, las tropas de asalto pasaban al buque adversario trabándose una lucha cuerpo a cuerpo que terminaba con la captura de uno de los barcos.

Remeros de una trirreme

Remeros de una trirreme

El Cuadrirreme

Cuatrirreme romana

Cuatrirreme romana

Era una embarcación con dos niveles de remeros, y por lo tanto tenía menor eslora que el quinquerreme, mientras que su manga era aproximadamente la misma. Desplazaba alrededor de 60 toneladas y capacidad para unos 75 marineros. Debido a su gran velocidad y maniobrabilidad fue clasificado como principal embarcación ligera.

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Remeros de una cuatrirreme

El Quinquerreme

Quinquerreme romana

Quinquerreme romana

Este tipo de barco se desarrolló a partir del trirreme. Fue usado por los griegos, cartagineses y romanos, desde el siglo IV a.C. hasta el siglo I d.C.. Fue adoptado por los romanos después de la primera Guerra Punica, cuando el Senado decidió potenciar su flota. Transportaba un total de 420 tripulantes (300 eran remeros) y constaba de  90 remos por cada lado, y 30 filas de remeros. Tenía una eslora de unos 45 metros y una manga de 5 metros al nivel del agua, con la cubierta de 3 metros por encima del mar, y desplazaba alrededor de 100 toneladas.

Remeros en una quinquerreme

Remeros en una quinquerreme

El Hexarreme 

Hexarreme romana

Hexarreme romana

Eran barcos propulsados por seis ordenes de remeros y de un tamaño considerable. Se utilizaban como navíos de representación en misiones diplomáticas por su enorme porte (de hecho podían desplazar hasta 120 toneladas).

La Galera Liburnia

Galera liburnia

Galera liburnia

Era una embarcación que tuvo su origen en Liburnia, en la costa del Adriático, y que se empleaba en la piratería de esa época. La construcción de estas galeras usaba maderas de ciprés, alerce y abeto. Con el auxilio de este tipo de naves de guerra Augusto venció a la flota de Marco Antonio y Cleopatra en la memorable Batalla de Azio debido a lo ligeras y maniobrables que eran en comparación a las monumentales pero lentas galeras y desde entonces se le dio preferencia en la Armada Romana. Estas naves que servían también para escoltar a las naves mercantes romanas en sus travesías por el Mediterráneo para protegerlos de naves piratas.

 Barcos Mercantes

Barco mercantil romano

Barco mercante romano

También los barcos mercantes tuvieron gran importancia en la economía romana, permitiendo efectuar un comercio de grandes distancias y por todo el mediterráneo. La velocidad de estos navíos que se desplazaban por el mediterráneo, en condiciones de viento favorable, podía alcanzar los seis nudos, recorriendo, según las fuentes escritas, 935 millas náuticas, distancia existente entre Gibraltar y el puerto de Ostia, en siete días. El sistema de gobierno de estos barcos consistía en dos enormes remos situados en la popa. Estos timones se accionaban por medio de una caña, consiguiendo, con un solo hombre, el rumbo deseado. El velamen de estas naves era generalmente una vela cuadra arbolada en un único mástil. A partir del siglo I d.C. comienza a usarse, según fuentes iconograficas una pequeña vela instalada en un mástil inclinado en la proa del barco. En algunos mosaicos aparecen representadas embarcaciones con tres velas, todas ellas cuadras, e incluso una vela de gavia triangular. Otro accesorio de los barcos eran las anclas, normalmente construidas de madera con cepo, zuncho y uñas de plomo. La capacidad media de carga de los navíos mercantes oscilaba, dependiendo de sus dimensiones, entre 3.000 y las 5.000 ánforas de 26 litros de producto, mas 17 o 18 kilos de peso del envase. Esto supone unas 130 a 200 toneladas de carga, a las que habría que sumar el peso de la embarcación para conocer el desplazamiento.

Los barcos y la navegación en la antigüedad (parte I)

LOS CRETENSES

Barco cretense

Barco cretense

La primera civilización en el entorno mediterráneo que logró establecer una verdadera thalassocracia fue la de los cretenses. Este pueblo, surgido en una isla en el centro de las rutas marítimas entre Asia, África y Europa, desarrolló desde el principio gran capacidad y suceso en la navegación. Los cretenses fueron grandes comerciantes, intercambiaron sus productos con Siria Egipto, Chipre, y Grecia difundiendo sus costumbres y su cultura. Ya a partir del reinado de Minos (hacia el 2000 a.C.), los monarcas cretenses fomentaron la navegación e instauraron una flota potente que les permitiese proteger su dominio sobre las rutas comerciales. A partir de las informaciones que nos proporcionan esculturas y pinturas podemos mas o menos reconstruir como podía ser uno de los primeros barcos que dominaron el mediterráneo.

Reconstrucción de un barco cretense

Reconstrucción de un barco cretense

Tenia una roda alta y a popa un remo a modo de timón, no poseía velamen, era mas bien impulsada por la sola fuerza de los remos. Eran barcos manejados por unos treinta remeros y poseían a proa y a popa pequeñas plataformas de combate. Si en un principio estas embarcaciones eran destinadas a una mera vigilancia costera, el aumento del trafico mercante y los primeros ataques de la piratería los impulsaron a construir embarcaciones mas grandes y que pudiesen separarse de la costa sin correr peligro. Eran dotadas de velas, contaban con unos treinta metros de eslora y eran impulsados por la fuerza de cincuenta remeros. Estos tipos de barcos ademas eran dotados de vela, para facilitar los desplazamientos en alta mar. Capaces de crear y mantener embarcaciones de este tipo, los cretenses, fueron capaces de mantener la supremacía en el mar hasta que el aumento de la potencia marítima de fenicios, griegos y egipcios marcaron el declive de su comercio y poco después el fin de su civilización.

LOS EGIPCIOS

Barco egipcio

Barco egipcio

Muchos testigos han llegado hasta nuestros días de la actividad marítima de una de las mas grandes civilizaciones del mundo antiguo: los egipcios. Las innumerables imágenes, restos arqueológicos y textos escritos nos informan sobre el gran dominio que este pueblo ejercía sobre mar y ríos. Su construcción naval estaba muy condicionada a causa de la escasez de arboles un las zonas egipcias, de hecho las embarcaciones carecían de quilla y armazón, ya que estaban construidos por pequeños bloques de “acacia nilótica” unidos entre sí como si fueran ladrillos. El ariete de proa estaba reforzado con bronce y un poderoso remo en la popa hacía las veces de timón. Un mástil único presentaba en su extremo superior la primera cofa de combate. Las velas, amplias y bien diseñadas, podían ser cargadas sin necesidad de tenerlas que arriar. Una borda alta y robusta protegía a los remeros, que como mínimo eran unos veinte. Como ancla se utilizaba una simple piedra de tamaño suficiente que pendía de un cabo.

La batalla del Delta

La batalla del Delta

Hacia el 1178 a.C. esta documentada la primera y verdadera batalla naval de la historia, la celebre batalla del Delta, que vio enfrentarse a la potente flota de Ramses III contra los Pueblos del Mar.

LOS FENICIOS

Birreme fenicia

Birreme fenicia

Otra civilización que demostró su potencia en el mar sea comercial que guerrera fueron los fenicios. Sus barcos estaban construidos de maderas resistentes, como cedro, pino, encino y ciprés y podían llegar a ser muy grandes. Eran birremes impulsadas por dos ordenes de remos y con un mástil en el centro de la eslora pero poseían también velas rectangulares que utilizaban si el viento les era favorable. También usaban anclas echas de piedras muy pesadas. Los barcos podían diferenciarse en los de guerra y los de comercio. Los primeros tenían proa recta y terminadas por un espolón a ras de agua y los segundos tenían tanto la popa como la proa levantadas en curva. Los Fenicios desconocían el uso de la brújula, de modo que para orientarse navegaban normalmente día y bordeando la costa. Es por esta razón que construyeron puertos especiales, montados estratégicamente a no más de un par de días de distancia.

Barcos fenicios en la mar

Barcos fenicios en la mar

Los barcos de guerra poseían una pasarela de combate que albergaba a las tropas de infantería que, durante la batalla, tenían como misión la defensa del barco y el abordaje del contrario y un poderoso espolón en forma de cuerno.
Uno de sus barcos más conocidos era el Gauloi, que medía entre 20 y 30 metros de largo y siete de ancho, con la popa en forma de cola de pescado y la proa en forma de cabeza de caballo.

Los dioses griegos del Mar (parte III)

AQUELOO

En la mitología griega Aqueloo era el dios del río del mismo nombre, entre Etolia y Acarnania, y el más antiguo y poderoso de Grecia. Era un oceánide, el primogénito de Océano y Tetis, o según otras versiones, de Océano y Gea o de ésta y Helios. En algunas monedas de Acarnania se le representaba como un toro con cabeza de hombre. También está representado como un anciano con dos cuernos, pelo gris y barba hirsuta de la que constantemente mana agua.

El dios Aqueloo en un mosaico romano de

El dios Aqueloo en un mosaico romano de Zeugma

Disputó con Heracles la mano de Deyanira, hija del rey de Calidonia Eneas, de la que estaba enamorado. El mito narra que en la lucha Aqueloo se transformó en serpiente y después en toro, momento que aprovechó Heracles para derribarle y arrancarle uno de sus cuernos, que sólo recuperó a cambio del cuerno de Amaltea, llamado cuerno de la abundancia. Según Ovidio fue el mismo cuerno de Aqueloo el que las náyades recogieron y convirtieron en la cornucopia. Heracles obligó al vencido pretendiente a refugiarse en el río Toas, que desde entonces se llamó Aqueloo. Estrabón interpreta este mito atendiéndose a la naturaleza del mismo río, cuyas frecuentes inundaciones asolaban los campos de Calidón, confundiendo las fronteras y provocando por esto varias guerras entre los pueblos limítrofes. La forma de serpiente de Aqueloo alude a la sinuosidad de su curso, y la de toro, a la fuerza de sus inundaciones y al bramido de sus aguas. Heracles uniformó su cauce poniéndole diques y reuniendo en un sólo lecho los dos brazos de su curso. El cauce arreglado del Aqueloo fue la causa de la riqueza del país que regaba con sus aguas, de donde vendría lo del cuerno de la abundancia. 

Lucha entre Aqueloo y Heracles

Lucha entre Aqueloo y Heracles

El Dios Aqueloo tenía cuatro hijas, cuyo mayor placer era cantar. Con su cante atraían a espíritus, marineros, incluso a Dioses. Por ésto, la diosa Afrodita castigó a las cuatro mujeres pasando de ser mujeres bellas a animales procedentes del cruce de dos especies, cabeza y busto femeninos y cuerpo de pájaro, llamadas sirenas. Estas rivalizaban con las siete musas hijas de Zeus, y en una celebración, retaron a cantar a las musas, pidiendo que los dioses del lugar eligieran quienes cantaban mejor. Fue un espectáculo maravilloso, pero los dioses eligieron como ganadoras a las hijas de Zeus.

Sirenas cantando a marine

Sirenas cantando a unos marineros

 Las sirenas como venganza atrajeron con sus cantes a algunos marineros para luego matarlos. Un día, la goleta Argos se acercó por las aguas de éstos híbridos en la cual iba Orfeo, músico y poeta. Al presentir el peligro de los cantos de estas cuatro hermanas, el musico sacó su lira, haciendo sonar una armoniosa melodía y captar la atención de sus marineros en lugar de las sirenas. Orfeo con su lira era capaz incluso de detener ríos y logró con un hechizo convertir en estatuas a tres de las cuatro hermanas. La cuarta, Arténope, se lanzó al mar para evitar el hechizo, pero murió. El mar devolvió su cuerpo a la orilla y fue enterrado. En ese mismo lugar se narra que nació la ciudad de Nápoles.

La teoría más plausible sobre el antiguo nombre del río Aqueloo remite al prefijo ´aq´ que significa agua (p.e. Aqueronte, Ínaco, Aracto) y el adjetivo comparativo ´loon´ que significa mayor, más grande. Los dos juntos indican: río de muchas aguas.

PROTEO

Proteo o Proteus es un antiguo dios del mar, una de las varias deidades llamadas por Homero en la Odisea ‘anciano hombre del mar’ cuyo nombre sugiere el «primero», el «primordial» o «primogénito». En la teogonía olímpica es hijo de Poseidón o de Nereo Doris, o de Océano y una náyade, y fue hecho pastor de las manadas de focas de Poseidón, el gran macho en el centro del harén. Para recompensarle el esmero con que los cuidaba, le había dado el conocimiento del pasado y del futuro y tenia la facultad de cambiar de forma para evitar tener que hacerlo, contestando sólo a quien era capaz de capturarlo. De aquí proceden el sustantivo «proteo» y el adjetivo «proteico», que aluden a quien cambia frecuentemente de opiniones y afectos. 

El dios Proteo

El dios Proteo

Según Homero, la arenosa isla de Faro, situada frente al delta del Nilo era el hogar de Proteo, el profético anciano hombre del mar y pastor de las bestias del mar. Dos de sus hijos eran monstruos y crueles, y no pudiendo Proteo llevarlos por el camino de la virtud, ni inspirarles sentimientos de humanidad, se retiró a Egipto con ayuda de Poseidón, quien le abrió un camino en el mar. En la Odisea se cuenta que Menelao, a la vuelta de la Guerra de Troya, supo de la hija de Proteo, Eidotea, que para poder saber cuál de los dioses había ofendido y cómo podía apaciguarlo y volver a casa, hubiese tenido que capturar a su padre y obligarle a revelar lo que quisiera saber. Proteo salió del mar para dormir entre su colonia de osos, pero Menelao logró atraparlo, a pesar de que se transformó en león, serpiente, leopardo, cerdo, e incluso agua y árbol. Proteo respondió entonces verazmente a sus preguntas, informando además a Menelao de que su hermano Agamenón había sido asesinado en su viaje de regreso, que Áyax el Menor había naufragado y muerto, y que Odiseo estaba varado en la isla de Calipso, Ogigia.

De acuerdo con la cuarta Geórgica de Virgilio, en cierto momento todas las abejas de Aristeo, hijo de Apolo, enfermaron y murieron. Aristeo acudió a su madre, Cirene, en busca de ayuda. Ella le dijo que Proteo podía decirle cómo evitar otro desastre igual, pero que sólo lo haría si se le obligaba. Aristeo tenía que agarrarle y sujetarle, sin importar en qué se transformase. Así lo hizo, y Proteo terminó rindiéndose y le dijo que sacrificase doce animales a los dioses, dejase los cuerpos en el lugar del sacrificio y volviese tres días después. Aristeo hizo lo que el dios le mandó y cuando volvió encontró en uno de los cadáveres putrefactos un enjambre de abejas, que llevó a su apiario. Las abejas nunca volvieron a enfermar.

Entre los hijos de Proteo se cuentan Eidotea, la ninfa Cabiro, y Polígono y Telégono.

GLAUCO

Glauco es una divinidad y monstruo del mar, hijo de Poseidón y de la náyade Nais, o de Nereo y de la oceánide Doris. La figura de Glauco aparece en las Argonáuticas, de Apolonio de Rodas, y en el Libro XIII de Las metamorfosis, del poeta latino Ovidio

el dios Glauco

el dios Glauco

Los autores narran que antes de ser dios Glauco era un dedicado pescador, que amaba de tal forma a los peces que se estremecía de tristeza al pescarlos. Un día, mientras pescaba, advirtió que los peces que iba colocando a su lado sobre el pasto comenzaban a volver mágicamente al mar. No entendiendo el misterio, decidió averiguar la extraña conducta de los animales. Y finalmente comprendió: un dios misterioso los llamaba desde las aguas; un llamado irresistible que debía provenir de la ingestión de las matas que crecían a la vera del mar. Glauco resolvió entonces comer un poco de ese pasto, para ver si también el alcanzaba a oír el mágico llamado. Y así ocurrió. En cuanto tragó algunos puñados de esas plantas, fue poseído por una furiosa atracción hacia las aguas. Los seres del mar lo acogieron cariñosamente. Océano y Tetis comprendieron que Glauco quería vivir también en su reino, lo adormecieron y, durante el sueño, lo transformaron en un dios marino.

Al despertar, el antiguo pescador se sorprendió: “Fue entonces cuando me vi por primera vez con esa barba verde, esta cabellera con la cual barro la superficie de las olas, estos anchos hombros, estos brazos azulados, estas piernas curvadas que terminan en natatorias, como los peces”. (Glauco significa, en griego, color turquesa brillante).

La nueva forma, sin embargo no le desagradó. Ya que le permitía vivir feliz entre las criatura marinas que tanto amaba y ya no necesitaba matarlas para mantenerse.

GLAUCO Y ESCILA

La mitología narra que el dios estaba enamorado de la hermosa ninfa Escila que, por su cuerpo monstruoso, parte de hombre y parte de pez, rechazaba su amor, escondiéndose de el. Pero el amor del pobre dios era definitivo y desesperado,se lanzó a perseguir a la ninfa, implorando con gritos y llantos convulsivos, que le concediera un poco de atención. Impasible ante las súplicas, Escila continuó su fuga. Después de inútiles búsquedas, el dios se vio obligado a reconocer su derrota. Solamente algún poder superior le permitiría conquistar el afecto de la hermosa ninfa, un poder como el de Circe, la hechicera. Abatido y torturado, Glauco se dirijo hacia la isla de Ea, donde vivía la maga y, entre suspiros y lágrimas, le rogó que lo ayudara a conquistar a la amada ninfa.

Glauco y Escila

Glauco y Escila

 Pero los efectos de su petición fueron muy distintos a los que Glauco esperaba, porque Circe también se enamoró del nuevo dios y se le declaró intentando convencerle de que despreciase a la que le había despreciado. Al negarse, Circe sintió tal envidia por Escila que mezcló unas hierbas en el agua donde se bañaba y la convirtió en un horrible monstruo de cintura para abajo. Desesperada Escila, corrió al encuentro de Glauco y en sus brazos lloró largamente. El también lamenta la belleza perdida, pero rechazó el permanecer junto a la antigua ninfa. Serían infelices ambos. Escila se retiró en el estrecho de Sicilia, aterrorizando a los mortales que antes la cortejaban por su extraordinaria belleza. En la isla de Ea, Circe esperó inútilmente el retorno de Glauco, indignado por su traición y su crueldad que siguió llenando su existencia con el recuerdo de la bella y dulce ninfa, víctima de los celos de la maga.

Actividades subacuáticas para niños en la UNESCO

El batiburrillo submarino

Hola niños, aprovechando las vacaciones actualizamos nuestra zona infantil con una nueva entrada. Esta vez nos toca la UNESCO y su sección dedicada a vosotros.

Conviértete en el defensor del patrimonio

Aquí tenemos un vídeo que nos explica por qué proteger el patrimonio.

Este otro, nos enseña los secretos de las antiguas civilizaciones.

Y por último, este otro nos habla de el Mar.

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Juego del defensor del patrimonio

BIBLIOGRAFÍA

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El parque arqueologico sumergido de Baia (parte II)

El parque…

En el parque arqueológico de Baia hay varios sitios donde se pueden realizar inmersiones y admirar las maravillas que se esconden bajo las aguas.

Yacimientos arqueológicos subacuáticos y terrestres del golfo de Naples

Yacimientos arqueológicos subacuáticos y terrestres del golfo de Naples

  • Secca delle Fumose: se encuentra en la zona c del parque, la profundidad media de las inmersiones es de 12 m mientras que la profundidad máxima es de 16 m. Aquí se encuentran sumergidos bajo las aguas muchos pilones de piedra, probablemente puestos a protección del PortusJulius. 
    Secca delle Fumose

    Secca delle Fumose

    Las columnas de burbujas que salen directamente del suelo marino entre la abundante flora y fauna características del medio, testimonian el origen volcánica de la zona, donde se pueden encontrar también depósitos de azufre a lo largo de todo el fondo.

  • Portus Iulius: el antiguo puerto se encuentra localizado en la zona b del parque a la profundidad de 5 m.
    Portus Iulius

    Portus Iulius

    La realización del Portus Iulius fue comisionada en el año 37 a. C. por Marco Vipsanio Agrippa, en el periodo de la guerra civil entre Octaviano y Sexto Pompeo. La estructura era grandiosa y utilizada también como arsenal de la flota de Miseno. Estaba conectada a través de un canal navegable a los lagos Lucrino y Miseno. Al día de hoy se pueden observar los restos del puerto y algunos mosaicos.

  • LaVilladeiPisoni: nos encontramos aquí en la zona a del parque sumergido y también en este caso la profundidad máxima a la que se desciende es de 5 m.
    Sectores de la Villa de los Pisoni

    Sectores de la Villa de los Pisoni

    La villa es del siglo I a.C. y pertenecía a la noble familia de los Pisoni. Según las fuentes la familia fue responsable de la organización de un conjura en contra del emperador Neron, fueron descubiertos y la villa expropiada, pasando directamente en las manos del emperador. Hoy es posible admirar un amplio jardín con pórtico, a un lado se encuentra el complejo termal y al otro una serie de habitaciones que llevan directamente a la zona con vasca para la acuicultura.

  • VillaProtiro: situada en la zona a del parque, a una profundidad de 5 m, es un complejo monumental que testimonia la estructura urbana de la antigua ciudaddeBaia: una carretera principal a lo largo de la cual se encuentran situadas una serie de tabernas y una villa privada.
    Uno de los mosaicos de la Villa de Protiro

    Uno de los mosaicos de la Villa de Protiro

    La villa a Protiro debe su nombre a su estructura caracterizada por un pequeño pórtico. Alrededor de un atrio central se desarrolla una serie de habitaciones y en una de ellas hoy es posible admirar unos mosaicos maravillosos compuestos por trocitos de piedras blancos y negros que forman una imagen exagonal.

  • Villa frente al Castillo Aragones: era una zona dedicada al acuicultura en época romana, situada cerca de varias villas de la nobleza y con un pórtico en forma semianular. Allí se pueden ver también numerosas vascas para la sustitución del agua.
  • Torre del faro de Miseno y belén: en Bacoli, a una profundidad máxima de 24 m, se localiza una enorme torre volcada sobre un lado, en forma de paralelepípedo, alta 18 m e recubierta por opus reticolatum. Allí ha sido colocado también el belén de un artista local.
  • Ninfeo Sumergido: en la zona a del parque arqueológico y a solo 5 m de profundidad se encuentran los restos de un entero complejo termal.
    Estatuas del ninfeo sumergido

    Estatuas del ninfeo sumergido

    En esta misma zona fue hallado el ninfeo del emperadorClaudio (ahora en el Museo del castillo deBaia). Bajo el agua ahora es posible admirar la reconstrucción del ninfeo: estatuas en mármol, columnas en mármol y la via herculanea, el todo en un atmósfera que nos lleva atrás en el tiempo.

 

Para mas informacion visita la web Parco archeologico sommerso di Baia